Cómo adaptar tu negocio a las nuevas expectativas de los clientes
Seguramente te has topado alguna vez con carteles antiguos con un estilo muy particular y mensajes pensados para el público de la época. Desde entonces, la sociedad ha ido transformando su manera de pensar, y con ella también han evolucionado sus necesidades y deseos.
En consecuencia, las estrategias de comunicación han tenido que cambiar radicalmente para adaptarse al nuevo contexto: esto es lo que ya no funciona y debes procurar evitar en tu negocio.
1. Un producto ya no es solo un producto
Así como antes la transacción se reducía a la mera compra del producto o servicio, ahora el cliente busca ir más allá. Un producto, sea físico o virtual, debe estar vinculado a un concepto, un estilo de vida y una emoción.
El producto no solo debe suplir la necesidad inmediata del cliente, sino que éste quiere sentir que está vinculado a su identidad y a cómo lo proyectan los demás. Antes el foco estaba en el producto, ahora está en la experiencia y la narrativa.
Construye un relato coherente que envuelva tus productos y haga que tu marca refleje los valores y el estilo de vida con los que tu público se quiere ver vinculado.
2. Mensaje unidireccional
Tiempo atrás, una vez finalizado el proceso de compra, la vinculación con el cliente quedaba reducida al mantenimiento del producto o, en el caso de un servicio, a las funciones contratadas. Pero durante la toma de decisión inicial, las marcas "hablaban" y el cliente solo escuchaba.
Hoy en día, la evolución de los medios digitales y las redes sociales ha hecho que el cliente tenga mucho más que decir: opina, responde y condiciona el relato a través de las redes sociales, reseñas o comunidades digitales. El cliente también quiere hablar, vincularse a la narrativa, participar y, lo más importante, espera que durante todo este proceso estemos presentes.
Deja de hablarle a los clientes y empieza a conversar con ellos: escucha, responde e integra su voz en la narrativa de tu marca.
3. Promesas y solo promesas
“El coche más rápido”, “el jabón más blanco"¿Te suena? Antes el cliente tenía una confianza depositada en los productos que inevitablemente se ha ido perdiendo con el tiempo.
Actualmente hay mucho ruido y saturación y todas las empresas dicen que tienen el mejor producto del mercado. ¿A quién creer? Con un fácil acceso a la información, comparadores y experiencias de otros usuarios, el cliente ya no cree en eslóganes vacíos y se ha vuelto más escéptico.
Convierte las promesas en autenticidad y coherencia entre lo que dices y lo que haces. Transmite mensajes claros y ofrece datos, testimonios y casos prácticos reales para dar credibilidad a tu producto.
4. Mensajes imperativos
Durante décadas, la publicidad se ha basado en mensajes directos con el objetivo de provocar una acción inmediata:“¡Compra ahora!”, “No esperes más.”, “¡Oferta solo hoy!”.
Pero en la actualidad podemos conseguir el efecto contrario: los mensajes agresivos pueden generar rechazo y desconfianza. El cliente ya no quiere que le digan lo que tiene que hacer, sino que quiere sentir que es él quien toma la decisión.
Redirige el mensaje para demostrar el valor de tu producto e invitar (no ordenar) al cliente a dar el paso por sí mismo. Acompáñalo en la toma de decisión con contenidos, guías, testimonios y demos, que le demuestren por qué necesita tu producto.